Serie: Amor, vínculos y conciencia-Parte 2

La psicóloga clínica Cristel Montenegro, partiendo de su propia experiencia como psicóloga clínica, reflexiona sobre tres preguntas fundamentales: por qué amamos de la manera en que amamos, cómo se configuran las relaciones amorosas desiguales y de qué manera podemos construir vínculos más saludables desde la conciencia, el autoconocimiento y la responsabilidad afectiva. A través de esta trilogía de artículos conectados entre  sí pero independiente en sí mismos, se busca aportar herramientas para comprender nuestras experiencias amorosas y promover relaciones más equitativas, libres y conscientes.

 

Esta serie de tres artículos propone una mirada crítica y sensible sobre nuestras formas de amar: de dónde vienen, cómo pueden volverse desiguales y qué caminos podemos construir para vivir vínculos más conscientes, libres y recíprocos.

 

Segunda parte: Relaciones desiguales: cuando la codependencia emocional se disfraza de amor romántico

n muchas relaciones, el malestar no aparece de forma evidente al inicio. Por el contrario, suele presentarse envuelto en gestos que culturalmente hemos aprendido a reconocer como amor: estar siempre disponible, priorizar a la otra persona por encima de una misma, sentir que la vida gira alrededor del vínculo o experimentar celos como prueba de intensidad emocional. Sin embargo, con el paso del tiempo, estas dinámicas pueden transformarse en desgaste, pérdida de identidad y relaciones profundamente desiguales.

Este artículo parte de una idea central: muchas de las formas de amar que se consideran normales en nuestros contextos no son necesariamente expresiones de amor saludable, sino manifestaciones de codependencia emocional que han sido romantizadas. Comprender esta distinción es clave para cuestionar vínculos que, aunque socialmente validados, pueden resultar dolorosos y limitantes.

Cuando amar implica perderse

El concepto de codependencia ha sido ampliamente desarrollado en la literatura psicológica, especialmente por la escritora y terapeuta estadounidense Melody Beattie, reconocida por sus aportes al estudio de relaciones marcadas por la dependencia emocional y los vínculos con personas atravesadas por adicciones o dinámicas disfuncionales. Beattie plantea que la codependencia puede entenderse como una forma de vincularse en la que el bienestar, la identidad y la estabilidad emocional dependen excesivamente de otra persona (Beattie, 1987).

En este tipo de relaciones, el amor deja de ser un espacio de encuentro y se convierte en un lugar de fusión. Se prioriza constantemente al otro, se minimizan las propias necesidades y se establece una dinámica donde el valor personal parece depender de ser necesaria, elegida o validada. Esto puede expresarse en dificultad para poner límites, miedo constante al abandono, necesidad de “salvar” emocionalmente a la otra persona o autosilenciamiento para evitar conflicto.

Muchas personas no identifican estas dinámicas como problemáticas porque han aprendido a nombrarlas como entrega, compromiso o fidelidad. Sin embargo,  amar no debería exigirnos desaparecer. Cuando una persona deja de escucharse, de cuidarse o de ocupar un lugar digno dentro del vínculo, no estamos frente a una relación más profunda, sino ante una forma de pérdida de sí misma.

La romantización del sacrificio

Una de las razones por las que la codependencia resulta difícil de identificar es porque está profundamente normalizada. En muchos contextos, especialmente en América Latina, se ha enseñado que amar implica sacrificarse. Desde edades tempranas, muchas mujeres aprenden que el amor se demuestra cediendo, sosteniendo y permaneciendo, incluso cuando la relación se vuelve injusta o dolorosa.

Esta narrativa ha sido ampliamente cuestionada por la terapeuta familiar estadounidense Robin Norwood, autora de Women Who Love Too Much, quien analizó cómo muchas mujeres pueden quedar atrapadas en relaciones donde el sufrimiento se convierte en una forma de validación emocional. Norwood señala que algunas personas llegan a confundir amor con necesidad, rescate o insistencia en vínculos que no ofrecen reciprocidad (Norwood, 1985).

A la vez, es importante reconocer que estos mandatos también afectan a los hombres. Muchos han sido educados desde modelos de masculinidad que limitan la expresión emocional, dificultan la vulnerabilidad y empobrecen su capacidad de corresponsabilidad afectiva. Esto puede reforzar relaciones donde una parte sostiene emocionalmente y la otra evita, se distancia o no sabe cómo participar de manera activa en el cuidado del vínculo.

Intensidad no es lo mismo que amor

Otro elemento central en la codependencia es la confusión entre intensidad emocional y amor. Relaciones marcadas por la incertidumbre, los altibajos emocionales o la falta de estabilidad suelen vivirse como más “intensas” y, por lo tanto, como más significativas. Sin embargo, la intensidad no siempre es un indicador de profundidad emocional; muchas veces puede estar asociada a inseguridad, ansiedad o falta de estabilidad en el vínculo.

La psicoterapeuta belga-estadounidense Esther Perel, reconocida por su trabajo sobre relaciones contemporáneas, deseo e intimidad, ha señalado que las parejas actuales enfrentan grandes tensiones entre seguridad, deseo, autonomía y pertenencia. Sus aportes ayudan a comprender que no toda emoción intensa equivale a amor profundo, y que una relación necesita algo más que atracción o urgencia para sostenerse de manera saludable (Perel, 2017).

Es frecuente encontrar vínculos donde el sufrimiento se interpreta como señal de amor: relaciones en las que una persona espera constantemente, duda de su lugar o vive en estado de alerta emocional, y aun así siente que “ama demasiado” como para soltar.  No hay que perder de vista que cuando el amor se experimenta principalmente desde la ansiedad, el miedo o la necesidad constante de validación, lo que se fortalece no es el vínculo, sino la dependencia.

Más allá de la orientación sexual: el problema es el modelo

Es importante reconocer que la codependencia no es exclusiva de relaciones heterosexuales. Los mismos patrones de dependencia, desigualdad y autosilenciamiento pueden aparecer en relaciones homosexuales o bisexuales. Esto evidencia que el problema no radica únicamente en la orientación sexual de las personas, sino en los modelos relacionales aprendidos.

Cuando una persona ha crecido entendiendo que amar implica sacrificarse, sostener emocionalmente al otro o postergar sus propias necesidades, es probable que reproduzca estas dinámicas con independencia de con quién se vincule. El género de la pareja puede cambiar, pero la estructura del vínculo puede permanecer si no se revisan los mandatos afectivos que cada persona lleva consigo.

Por eso, el trabajo no pasa solo por elegir una pareja distinta, sino por revisar profundamente el modelo de relación que hemos aprendido. Sin esta revisión, es posible cambiar de vínculo sin transformar realmente la forma de vincularse. En ese sentido, cuestionar la codependencia no significa dejar de amar, sino aprender a amar sin renunciar a la propia dignidad.

Amar sin desaparecer

Cuestionar la codependencia emocional implica revisar profundamente las ideas que hemos aprendido sobre el amor. No se trata únicamente de identificar relaciones problemáticas, sino de reconocer que muchas dinámicas normalizadas pueden estar basadas en la desigualdad, el miedo y la dependencia. Comprender esto permite hacer una distinción fundamental: amar no es desaparecer, sostenerlo todo ni vivir con miedo a perder a la otra persona.

Desmontar la romantización del sacrificio no es un proceso inmediato. Implica cuestionar mandatos culturales, revisar historias personales y aprender nuevas formas de vincularse. El desafío no es amar más, sino amar de otra manera: con mayor conciencia, límites más claros y una relación más equilibrada entre el vínculo y la propia identidad.

Quizás una de las preguntas más importantes no sea cuánto estamos dispuestas a soportar por amor, sino cuánto de nosotras mismas hemos tenido que abandonar para sostener una relación. Hay que tener claro que no todo lo que se siente intenso es amor, y no todo lo que se sostiene con sacrificio merece ser llamado vínculo. A veces, amar de manera más consciente empieza por dejar de confundir entrega con desaparición.

Este artículo es la segunda entrega de la serie Amor, vínculos y conciencia. En la tercera parte compartiremos algunas claves para construir relaciones adultas desde la autonomía, la reciprocidad y la responsabilidad afectiva.

(IR A PARTE 3 y FINAL)

Comparte este contenido tus en las redes sociales
blog comments powered by Disqus

La Plataforma Regional Género y Metodologías es un espacio de comunicación e intercambio cuyo propósito es contribuir a fortalecer los procesos de cambio hacia relaciones de género justas y sostenibles en la región centroamericana. La Plataforma es administrada por el Centro de Estudios y Publicaciones Alforja-Costa Rica.

Seguinos

Facebook
Youtube

Contáctanos

Nos encantaría saber de ti.

Newsletter

Suscríbete a nuestro boletín. ¡No te pierdas de nada!