Serie: Amor, vínculos y conciencia-Parte 3

La psicóloga clínica Cristel Montenegro, partiendo de su propia experiencia como psicóloga clínica, reflexiona sobre tres preguntas fundamentales: por qué amamos de la manera en que amamos, cómo se configuran las relaciones amorosas desiguales y de qué manera podemos construir vínculos más saludables desde la conciencia, el autoconocimiento y la responsabilidad afectiva. A través de esta trilogía de artículos conectados entre  sí pero independiente en sí mismos, se busca aportar herramientas para comprender nuestras experiencias amorosas y promover relaciones más equitativas, libres y conscientes.

 

En esta tercera entrega reflexionamos sobre la posibilidad de construir relaciones más conscientes, donde el amor no implique fusión, dependencia o renuncia a la propia identidad, sino comunicación, cuidado mutuo, autonomía y sentido de vida propio.

 

Tercera parte: Cómo construir relaciones de pareja adultas desde la conciencia y sin perderse en el vínculo

En contextos donde las relaciones han estado históricamente marcadas por la desigualdad, el sacrificio y la dependencia emocional, hablar de vínculos adultos no es simplemente una aspiración individual, sino una necesidad profunda. Construir una relación de pareja consciente implica pasar de modelos basados en la fusión y la carencia a vínculos donde exista autonomía, reciprocidad y responsabilidad afectiva.

No se trata de dejar de amar, ni de volvernos frías, autosuficientes o incapaces de entregarnos, sino que aprender a amar de otra manera. Una relación sana no debería exigirnos desaparecer para sostenerla, sino permitirnos estar presentes de una forma más plena, más libre y más responsable.

Del amor romántico al amor consciente

Durante mucho tiempo, el amor ha sido narrado desde una lógica romántica que prioriza la intensidad, la entrega total y la idea de que la pareja debe completarnos. Sin embargo, este modelo suele generar expectativas poco realistas y vínculos donde una o ambas personas terminan perdiéndose a sí mismas.

La escritora e investigadora feminista española Coral Herrera ha cuestionado profundamente estos imaginarios, señalando cómo el amor romántico ha funcionado como una construcción sociocultural que reproduce desigualdades, especialmente para las mujeres, al enseñar que amar implica sacrificarse, sostener y esperar (Herrera, 2010). Desde otra perspectiva, el psicoanalista y filósofo social alemán Erich Fromm, nacido en 1900, planteó que el amor no es solamente un sentimiento, sino también una práctica que requiere conciencia, responsabilidad, respeto y conocimiento (Fromm, 1956).

Muchas personas se suelen preguntar si aman “lo suficiente”, cuando tal vez la pregunta más necesaria sería si están amando de una forma que les permite existir con dignidad.

Amar más no siempre significa amar mejor. A veces, el trabajo más importante no es aumentar la entrega, sino revisar si esa entrega está siendo recíproca, libre y saludable.

Autonomía y vínculo: no desaparecer en la relación

Uno de los pilares de una relación adulta es la capacidad de sostener la propia identidad dentro del vínculo. Amar no debería implicar desaparecer, adaptarse constantemente para evitar conflicto o renunciar a proyectos personales en nombre de la relación. Por el contrario, un vínculo sano permite que ambas personas puedan desarrollarse sin sentirse amenazadas por la individualidad de la otra.

Uno de los desafíos más frecuentes es aprender a diferenciar entre cercanía y fusión. Muchas personas han aprendido que amar es estar siempre disponibles, compartirlo todo o evitar cualquier forma de distancia. Sin embargo, esta fusión suele generar dependencia, desgaste y pérdida de sentido personal. Construir autonomía dentro de la relación no debilita el vínculo; lo fortalece.

La psicoterapeuta belga-estadounidense Esther Perel, reconocida por su trabajo sobre relaciones contemporáneas, deseo e intimidad, ha señalado que las parejas actuales enfrentan el desafío de equilibrar necesidades que parecen opuestas: seguridad y deseo, estabilidad y novedad, cercanía y autonomía (Perel, 2017). Desde esta mirada, la distancia saludable no es una amenaza para la pareja, sino una condición para que cada persona pueda seguir siendo sujeto dentro del vínculo.

Responsabilidad afectiva y comunicación

Otro elemento fundamental en las relaciones adultas es la responsabilidad afectiva, lo que implica reconocer que nuestras acciones, silencios y decisiones tienen un impacto emocional en la otra persona. No significa hacernos cargo de todo lo que la otra persona siente, pero sí actuar con claridad, cuidado y coherencia dentro del vínculo.

El psicólogo estadounidense John Gottman, reconocido por sus investigaciones sobre estabilidad y conflicto en las relaciones de pareja, ha demostrado a través de décadas de estudio que la calidad de una relación no depende de la ausencia de conflicto, sino de la forma en que las parejas lo gestionan. La capacidad de comunicarse con respeto, reparar después de una discusión y sostener conversaciones difíciles es mucho más determinante que la compatibilidad inicial (Gottman, 1999).

Muchas  relaciones no se deterioran únicamente porque exista conflicto, sino porque no hay recursos para atravesarlo. Hay parejas que se aman, pero no saben conversar sin atacarse, retirarse o invalidarse. Por eso, construir una relación adulta implica desarrollar habilidades concretas: escuchar sin preparar la defensa, expresar necesidades sin convertirlas en exigencias y reparar cuando se ha causado daño.

Elegir desde la conciencia, no desde la carencia

Uno de los cambios más importantes en la construcción de relaciones adultas es revisar el lugar desde donde elegimos. Muchas relaciones se inician o se sostienen desde el miedo a la soledad, la necesidad de validación o la presión social de “tener pareja”. Desde ese lugar, el vínculo puede convertirse fácilmente en un espacio de dependencia.

Elegir desde la conciencia implica hacerse preguntas incómodas pero necesarias: ¿este vínculo aporta a mi vida?, ¿puedo ser quien soy dentro de esta relación?, ¿hay reciprocidad en el cuidado y en el compromiso?, ¿estoy eligiendo desde el deseo o desde el miedo? Estas preguntas no buscan idealizar la pareja perfecta, sino ayudarnos a construir relaciones más honestas y sostenibles.

En este sentido, una relación adulta requiere desarrollar una relación sólida con una misma no para vivir sin necesitar a nadie, sino para no convertir la necesidad de amor en una renuncia a la propia identidad. Amar desde la conciencia implica reconocer que una pareja puede acompañar la vida, pero no debería convertirse en el único lugar desde donde una persona obtiene sentido, valor o pertenencia.

Proyecto de vida y sentido propio

Uno de los elementos menos hablados —y al mismo tiempo más importantes— en la construcción de relaciones adultas es la existencia de un proyecto de vida propio. Durante mucho tiempo, especialmente para las mujeres, la pareja ha sido presentada como el eje central de la vida: el lugar donde se encuentra sentido, pertenencia y realización. Sin embargo, cuando la relación se convierte en el único centro, el vínculo empieza a cargar con un peso que no le corresponde.

Una relación no puede sostener, por sí sola, el sentido de una vida. Cuando una persona reduce su mundo a la pareja, el vínculo deja de ser un espacio de encuentro y se convierte en un espacio de dependencia. La expectativa sobre el otro aumenta, la frustración crece y la relación puede empezar a sentirse más como una carga que como un lugar de crecimiento.

Tener un proyecto de vida no significa restarle importancia a la relación, sino ubicarla en un lugar más realista y saludable: como una parte significativa de la vida, pero no como su totalidad. Una relación sana no debería contraer la vida de quienes la habitan, sino expandirla, permitiendo que ambas personas crezcan, exploren, se transformen y se acompañen en sus procesos individuales.

Amar sin perderse

Construir relaciones de pareja adultas no significa alcanzar un ideal perfecto, sino desarrollar una forma más consciente de vincularse. Implica dejar atrás modelos basados en la dependencia, el sacrificio y la fusión, para abrir espacio a relaciones donde exista autonomía, comunicación, responsabilidad afectiva y sentido de vida propio.

 Quizás la pregunta más importante no sea solamente cómo hacer que una relación dure, sino qué tipo de personas nos estamos volviendo dentro de ella. No es saludable que una relación de pareja nos exija a desaparecer para sostenerla. El amor consciente no es amar menos: es  amar con más claridad, con más responsabilidad y con más vida propia. 

 

Con esta tercera entrega cerramos la serie Amor, vínculos y conciencia, una invitación a mirar el amor no como destino inevitable, sino como una práctica que también puede revisarse, aprenderse y transformarse.

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La Plataforma Regional Género y Metodologías es un espacio de comunicación e intercambio cuyo propósito es contribuir a fortalecer los procesos de cambio hacia relaciones de género justas y sostenibles en la región centroamericana. La Plataforma es administrada por el Centro de Estudios y Publicaciones Alforja-Costa Rica.

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