“Nuevas masculinidades”, un concepto y un proceso marcado por el desconocimiento

“Nuevas masculinidades”, un concepto y un proceso marcado por el desconocimiento

                                                                                                                                Autora: Raquel Zapata González

Los valores masculinos hegemónicos llevan mucho tiempo en el punto de mira del movimiento feminista. Ahora, expertos y expertas comienzan a vislumbrar cómo surgen nuevos modelos y cómo se trabaja por derribar los roles y estereotipos de género con un gran camino por delante que recorrer. En un momento en el que abundan los artículos sobre hombres a los que se les atribuyen nuevas formas de concebir la masculinidad, ¿qué implica este término y qué hay a su alrededor?

Liberarse de la masculinidad hegemónica

El término de masculinidad hegemónica viene de la obra de Raewyn Connell, la madre de los estudios de masculinidades, con una producción de obligada lectura para cualquiera que se interese por el tema. La socióloga australiana planteó la masculinidad sobre la idea de que existen diversos tipos, pero que no todos se organizan horizontalmente, sino que existen jerarquías sociales entre ellos. Lionel S. Delgado, sociólogo y filósofo que actualmente realiza una tesis doctoral sobre urbanismo con perspectiva de género y que acostumbra a escribir en El Salto sobre masculinidades, indaga en este concepto histórico.

“La masculinidad hegemónica, tradicionalmente, es un tipo de masculinidad que se asegura de mantener un orden de género claro de dominación sobre las mujeres. Pero también de represión y control sobre otros tipos de masculinidades”, explica S. Delgado. Es importante entender que la masculinidad hegemónica cambia con el tiempo, y que no son iguales los valores masculinos de hace 50 años y los de ahora. “¡Incluso las películas de súper machos de los noventa nos chirrían hoy en día! Lo importante de la masculinidad hegemónica es que, aunque cambien sus contenidos, su función de custodio del orden de género se mantiene”, indica Lionel.

Patricia Hernández del Rosal, psicóloga experta en género y presidenta de Masculinidades Beta, explica que lo que caracteriza a este tipo de masculinidad es la socialización en la violencia, la castración emocional, omitir la vulnerabilidad, la negativa a conectar con las emociones y la eliminación de las tareas de cuidados. En definitiva, “dejar que las demás personas, sobre todo las mujeres, se responsabilicen de los hombres a nivel emocional, doméstico y de cuidados”. Este modelo, implica no ser autosuficiente y el impacto resultante es “una sociedad injusta, desigual y violenta”.

Iñaki Lajud, psicólogo y sexólogo, que actualmente imparte talleres y forma a profesionales en Masculinidades Beta, pone de ejemplo para ilustrar la castración emocional y su influencia las películas más taquilleras dirigidas a hombres y protagonizadas por hombres, donde todos los problemas que surgen suelen encontrar una solución en la violencia. “Acabamos normalizando estas conductas violentas como un método aceptable para solucionar problemas, así que también las usamos para resolver problemas emocionales”, explica.

Esta masculinidad tiene unos costes. Entre ellos, los más significativos son los emocionales, ya que acarrean otro tipo de problemas. Por ejemplo, el porcentaje de hombres que se suicidan es mayor al porcentaje de mujeres. De igual forma, el porcentaje de hombres en los centros penitenciarios asciende al 93% frente al 7% de mujeres privadas de libertad. “La ludopatía y el alcoholismo son problemas eminentemente de hombres. Creo que es consecuencia de no saber gestionar las emociones. No somos autosuficientes en este aspecto y tenemos que utilizar agentes externos para sobrellevarlas”, argumenta Iñaki Lajud.

Abrir el camino a la autosuficiencia emocional

El género se hace. “Esto es básico. No somos masculinos o femeninos, sino que representamos la masculinidad y la feminidad. De ahí que para validar la condición de hombre tengamos que probarla constantemente”, afirma Lionel S. Delgado. Existen muchas maneras de responder a la pregunta de cómo se es un hombre, muchísimas. La difusión de formas muy distintas de cómo estos se relacionan con su cuerpo, con su familia, con sus parejas, con su trabajo y con su vida emocional es toda una tendencia en los últimos años. Sin embargo, a veces se olvida que el género no solo trata de cuerpos.

La difusión de nuevos referentes es interesante y siempre es un avance, pero hay que entender que hay cosas que no se solucionan teniendo nuevos modelos a seguir. “También se necesitan nuevas leyes, nuevos organismos, nuevos controles y procedimientos”, explica el sociólogo. El género también se encuentra fuera de los cuerpos. Son pautas sociales de interacción y práctica y, así, también depende de gobiernos, de funcionamientos sociales.

“En mi experiencia en la investigación, en los grupos con hombres o en espacios diversos con hombres, muchísimos problemas ligados a la masculinidad están enraizados en problemas emocionales, biográficos y de formas de apego. En ese sentido, el trabajo temprano en educación emocional podría dotar de herramientas para poder hacer frente al mundo de una manera mucho más responsable, sostenible y menos dañina”, manifiesta Lionel.

Masculinidades Beta recalca que encontrar referentes públicos que encarnen nuevos valores es difícil. Para ello, ponen como ejemplo su documental “Clonar un hombre” con motivo de mostrar la necesidad de que los nuevos modelos que vayan surgiendo se conviertan en hegemónicos. “Una de las preguntas que hicimos a los participantes fue si encontraban referentes públicos con nuevos valores de masculinidad y no salió ninguno. Luego se escuchó el nombre de Octavio Salazar y Fernando Simón”, cuentan.

Si lo que quiere el movimiento feminista es cambiar la socialización masculina, es necesario trabajar emocionalmente con los más pequeños para que de mayores no acarreen los problemas que implica asimilar unos valores y roles a un determinado género. “El trabajo que han hecho las mujeres dentro del feminismo está a años luz del que han hecho los hombres. Hay mucho trabajo de sensibilización y formación que se hace para detectar desigualdades y violencias machistas, pero este trabajo se queda corto si no se suma el trabajo específico con hombres, ya que es una de las raíces del problema”, opina Patricia.

Para que un cambio sea eficaz se debe abordar desde diferentes ángulos. Masculinidades Beta explica desde su experiencia que el trabajo que se realiza con hombres ahora mismo es paliativo, es decir, una vez que han cometido algún delito. Pero en cuanto a prevención y educación en masculinidades la educación es escasa. “Sin privar a las mujeres de las subvenciones destinadas a trabajar con ellas, hay que destinar subvenciones también para trabajar con hombres, si no esto se queda cojo”. “Los hombres no están educados en pedir ayuda y esto tienes unas repercusiones, como las adicciones y la violencia”, añade Patricia H. del Rosal para argumentar lo importante que es trabajar la sexualidad y las emociones desde edades muy tempranas.

Como el de “nuevas masculinidades”, el concepto de “deconstrucción” es uno de esos que empezó a escucharse y a leerse por todos lados, pero que poco se entiende. ¿Significa revisar, criticar, cambiar o entender? ¿Se puede deconstruir un modelo de género? Como Lionel S. Delgado explica en su artículo “Contra la deconstrucción masculina”, este proceso supone una revisión crítica, “desmontar el mecanismo de un reloj para ver cómo han sido forjadas sus partes, cómo opera la maquina en sus entrañas. Así, se revelan herencias ocultas, invisibilizaciones históricas o, si lo aplicamos a nuestras formas de ser, cómo se han sedimentado nuestros comportamientos, ideas y sentimientos a través de la biografía, pero también a partir de la cultura y la sociedad”.

Para Patricia H. del Rosal, deconstruir implica aprender cosas nuevas, pero también desaprender cosas que se han normalizado siendo dañinas para la propia persona. “La deconstrucción es desnormalizar”. Iñaki, por su parte, remarca que es un proceso en el que hay una toma de conciencia, ya que los hombres asumen sus privilegios y renuncian a ellos. “Este proceso es algo que se desarrolla a lo largo de toda la vida. No es fácil porque hemos sido socializados en una sociedad machista de forma natural”.

¿Qué entendemos por “nuevas masculinidades”?

El concepto de “nuevas masculinidades” es un término abstracto que engloba muchas formas diferentes de resolver el interrogante. Un concepto que se relaciona con la superación del machismo, la reflexión crítica de los hombres con respecto a su género y las nuevas voces que plantean formas distintas de resolver la pregunta “qué es ser un hombre”. Sin embargo, este no es el único conflicto que gira en torno a este término que cada vez está más presente no solo en la sociedad española sino en la prensa. El concepto en sí tiene muchos detractores.

Lionel S. Delgado, reflexiona con AmecoPress sobre la confusión que acarrea este conjunto de palabras. “El concepto no es erróneo. Son novedosas en tanto que son nuevas configuraciones estéticas, de gustos y de ideas sobre el rol del hombre. Existe una mayor apertura a determinados modelos. En otras épocas era difícil que emergiesen formas de masculinidad como la hípster o la de los metrosexuales”.

Para que un discurso político que aspira a lograr a un cambio social resulte atractivo, es importante no olvidarse del poder del lenguaje. “Yo odio el concepto de “nuevas masculinidades” pero entiendo que resulta mucho más permeable y atractivo para capas sociales menos acostumbradas a discursos sesudos sobre las incoherencias de género”, comenta Lionel. Desde la Asociación Masculinidades Beta, explican que, aunque se consideren “nuevas”, a lo largo de la historia siempre han existido hombres disidentes que concebían sus valores de forma diferente a como la época imponía. A pesar de esto, indican que, para realizar talleres y conferencias, desde la organización eligen el término de “nuevas masculinidades” porque es el más conocido por la ciudadanía.

“A mí me gusta el término ‘otras formas de ser hombre’ porque lo que perseguimos es abolir el género”, dice Patricia Hernández del Rosal, quien prefiere no referirse a estos valores como masculinos o femeninos. Por su parte, Iñaki Lajud, prefiere usar “masculinidades disidentes”.

Victor M. Sánchez López, técnico de igualdad experto en género y masculinidades y coautor de “Diálogos Masculinos: La masculinidad tarada”, hace hincapié en que no por ser nuevas, automáticamente las masculinidades van a ser mejores. “Precisamente el neomachismo actual ha encontrado la forma de mostrar una nueva masculinidad que no implica necesariamente una transformación profunda interior”, comenta. “En muchas ocasiones, aparecen nuevas maneras de mostrar la masculinidad, mucho más amables y aparentemente más cercanas a la idea de igualdad, que pueden quedarse solo en la superficie, porque los cimientos siguen siendo extremadamente conservadores y machistas”.

Un ejemplo lo tenemos en la cantidad de artículos que se han publicado recientemente atribuyendo a determinados personajes públicos la noción de “nueva masculinidad”. Lionel dilucida que, lo que tenemos delante, son cuerpos socializados que tienen distintas formas de comportarse, distintas formas de vestirse, de expresarse, de hablar de su sexualidad o de ocuparse de la familia. “Cuidado con los adalides y los mesías de la masculinidad. Hay mucha fachada en eso, es fácil vender en redes nuevos modelos éticos, pero luego la vida cotidiana es mucho más dura de cambiar y en ese desfase puede generarse una gran frustración”.

Por su parte, Victor M. Sánchez, recalca que el proceso de desaprendizaje puede durar toda la vida. “Que un hombre encarne nuevos valores de la masculinidad no es garantía, ni mucho menos, de que esté perfectamente deconstruido. Por eso, viendo únicamente la versión pública de esos hombres, tenemos una visión demasiado limitada para saber, por ejemplo, cómo desarrolla su masculinidad en “privado”, ámbito en el que más se notan esos (micro)machismos”.

El trabajo de los hombres dentro del movimiento debe tener una doble vertiente, una individual y otra colectiva, donde expertas y expertos coinciden en que la educación sexual y emocional desde edades muy tempranas es fundamental para la forma en la que cada persona concibe sus emociones y su identidad con el objetivo de reducir la violencia hacia las mujeres y el recelo hacia otras formas de “ser hombre”. Un largo camino que involucra a toda la sociedad.

Fuente original: https://amecopress.net/Nuevas-masculinidades-un-concepto-y-un-proceso-marcado-por-el-desconocimiento

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