Masculinidades positivas que interpelan el machismo

 

Silvio Sirias Duarte
Comunicador Social con énfasis en radio.
Máster en Comunicación y Periodismo.

 

Masculinidades positivas que interpelan el machismo

El patriarcado es una ideología organizada que, al introducirse en la sociedad, logra imponer una larga lista de abusos. Este sistema asocia lo femenino con lo emocional y lo masculino con el poder. Otorga nombres, colores y tareas según el género. Asigna creencias que deben cumplirse y comportamientos que tienen que asumirse y replicarse. Muchos de estos se convierten en estereotipos que varían de acuerdo al entorno.

La dominación de lo masculino sobre lo femenino, es una estructura violenta y simbólica que se introduce en las familias a través de diversos agentes socializadores. El yugo patriarcal se evidencia en los roles tradicionales asignados en la división sexual del trabajo, en la brecha salarial, en la jefatura de la familia, en la división de espacios de socialización; así como en la manera en cómo se espera que actuemos en dependencia de roles y estereotipos de género.

La historiadora Gerda Lerne en su libro “La Creación del Patriarcado” (1986), asegura que este se remonta a la Mesopotamia 6.000 y 3.000 A.C y que su unidad básica de organización era la familia patriarcal. “Las funciones y la conducta que se consideraba que eran las apropiadas a cada sexo, venían expresadas en los valores, las costumbres, las leyes y los papeles sociales. (Pág. 420)

Cada hombre acarrea distintas expresiones del patriarcado, en dependencia de su constructo y pre saberes. Históricamente, este sistema de ideas ha reprimido en los hombres expresiones de afecto y ha institucionalizado la violencia como mecanismo eficaz para controlar cuerpos, pensamientos, estilos y las maneras en las que las personas actúan, se comportan y sienten.

Carlos, Antonio, Alejandro, Inti y Alyer son ciudadanos nicaragüenses que se asumen como personas antipatriarcales y practican masculinidades positivas que interpelan esta cultura de violencia y opresión. Se oponen al uso abusivo del poder y consideran posible la igualdad entre todos y todas.  Han construido su identidad con base en sus criterios. En el diario vivir, realizan cambios significativos que cuestionan este sistema, rompen estereotipos y formas tradicionales de masculinidad. Poseen conocimientos que comparten en sus entornos, mismos que se han traducido en información que ha cambiado actitudes y comportamientos impuestos por el patriarcado.

Este sistema social ha convivido con todas las ideologías y ha cobrado vigencia en el ejercicio del poder que anula, subordina e invisibiliza a las personas.

Comportamientos patriarcales desafiados

Antonio creció entre juegos tradicionales y armando la casa de muñecas de su hermana. Un día su padre lo descubrió en esta actividad y desde entonces guardó distancia de él. “No expresó su molestia, pero a raíz de eso, si sucedía algo en la casa era a mí a quien golpeaba. Nunca más nos acercamos, pues yo no cumplía las reglas que él imponía”, recordó.

Hemos crecido creyendo que dar afecto está reservado para las mujeres. A un hombre se le hace difícil expresarle a otro hombre cuánto lo quiere, pero le resulta fácil propinar un golpe. Así es como el patriarcado funciona.

Durante su infancia, la familia de Alejandro no le permitió expresarse libremente. “Cuando somos niños o niñas los adultos cometen atrocidades contra nosotros. Me decían: hablá como hombre, corré como hombre y en medio de esos mandatos fui planteando mi identidad” recordó.

Muchos padres consideran que, al educar a sus hijos e hijas de manera respetuosa, están siendo permisivos y perdiendo autoridad. Sin embargo, se trata de respetar su dignidad y de establecer límites claros. Esto representa un gran desafío, ya que a quienes vivieron una infancia llena de abusos y miedos, se les dificulta concebir otros métodos de crianza.

Dinorah Medrano, psicóloga y profesora universitaria, considera que un niño o niña que experimenta violencia, crece con carencias emocionales y con un alto grado de codependencia afectiva. En su consulta ha atendido jóvenes que buscan ayuda porque se enfrentan a sus padres por el maltrato que sufren. “No quieren repetir lo que hicieron con ellos, pero no saben cómo hacerlo”, compartió.

La masculinidad patriarcal es observable en los comportamientos de muchos hombres y en la estructura ideológica que moldea esa conducta creadora de estereotipos que estamos supuestos a replicar. Quien se atreve a cuestionarlos es juzgado severamente por la sociedad. Para Alejandro, “cuando uno es niño o niña, el entorno violenta los derechos sin reparo. Crecí creyendo que ser libre y expresar mi masculinidad y feminidad era incorrecto”, precisó.

Miradas hirientes, burlas y críticas despiadadas son “el pan de cada día” para quienes se visten distinto al resto. Uno de los primeros cambios de Inti, fue dejarse crecer el cabello y optar por un estilo de vestuario alternativo. Siempre tuvo el apoyo de su mamá quien le aclaraba dudas y le brindaba información sobre identidad de género. Fue víctima de acoso callejero por vestir con un estilo propio. Sin embargo, decidió enfrentar con determinación y seguridad el contexto adverso que experimentó. “Me seguían las miradas de las personas a quienes les incomodaba la manera cómo vestía”, recalcó.

Johnny Jiménez es especialista en masculinidades. Considera que, “el patriarcado tiene su base fundamental en la discriminación. Sin embargo, hay que entender que no todos los hombres tienen los mismos comportamientos patriarcales”, aclaró.

El orden patriarcal define cómo debe ser y sentir cada persona según su género. Esos mandatos se interiorizan y configuran la identidad. José Manuel Salas, profesor emérito de la Universidad de Costa Rica, en su libro Hombres que rompen mandatos: la prevención de la violencia (2005) sostiene que:

“Al estereotiparse la masculinidad en una serie de características, conlleva que éstas, a su vez, determinen que el hombre solamente pueda ser hombre de cierta manera y no de otra. Obviamente que esto mismo da cuenta de la feminidad y de la condición de la mujer. Al darse esta escisión tajante y absoluta, se niega y cercena a los hombres y a las mujeres las posibilidades, que de hecho tienen, de desplegar muchas otras características o virtudes, simplemente porque no están prescritas para su género”. (Pág. 98)

El patriarcado se ha encargado de castrar a los hombres de su afectividad, del diálogo, de la negociación, de la escucha y comprensión más allá de lo que se les ha ordenado cumplir. Cuando los hombres comienzan a cambiar, reconocen el daño que le han causado a otros seres humanos y asimilan información nueva, inclusiva, respetuosa y cercana. Es entonces cuando el cambio a nivel cognitivo da inicio.   

Renunciar a los comportamientos patriarcales

A sus 20 años, Alyer ingresó a estudiar ingeniería en computación. Comparte que no contó con el apoyo de su padre, un hombre negativo que no aceptaba que su hijo no fuera mecánico como él. El cambio en el entorno personal e inmediato, es necesario. Revolucionar los esquemas permitirá que también en otras esferas no se perpetúen comportamientos patriarcales. “Yo quería que mi hijo aprendiera a cocinar y ahora quiere estudiar para ser un cocinero profesional” comentó.

Los hombres que deconstruyen su masculinidad y asumen una positiva, establecen relaciones más sanas e igualitarias a todos los niveles: familiar, laboral y comunitario.  Liberarse del patriarcado no solo es posible, sino, necesario, para recuperar el derecho a vivir libres de violencia.

Carlos creció carente de afecto, a tal punto que, cuando nació su hijo, sentía que no podía expresarle su amor. Fue hasta ocho meses después que “me fui abriendo y le di el primer beso, me salió del corazón, ese fue un cambio bastante significativo en mi vida”, recordó.

Alyer ha vivido experiencias inolvidables en su proceso de deconstrucción del machismo. Cuando cumplió 21 años tuvo la oportunidad de reconciliarse con su padre. “Le pedí perdón, me quedó viendo y me abrazó. Yo no había recibido un abrazo de mi papá desde que tenía 7 años”, compartió.

La mayoría de hombres que resignifican su masculinidad, usualmente experimentan conflictos con otros hombres que se aferran a una idea única de esta. Alejarse del modelo tradicional implica confrontaciones en múltiples sentidos. La sociedad da lugar a presiones donde se mide y se evalúa a los varones con parámetros severos en lo que, a equidad, inclusión e igualdad como seres humanos, se refiere. Resignificar la masculinidad otorga a los hombres la oportunidad de cambiar de actitud, de sentirse bien y socializar mejor con su entorno. Cuando la parte afectiva ha sido fortalecida, los hombres piden y buscan ayuda, motivados por la necesidad de expresar sus emociones en libertad. El cambio afectivo es vital para transformar este sistema de dominación.

Conocimiento, actitud y práctica

Los hombres fieles al patriarcado son incapaces de mostrar afecto en su vida cotidiana. Consideran que el trabajo del hogar es exclusivo para las mujeres y manejan su sexualidad de manera irresponsable. No se interesan por la crianza de sus hijos e hijas y ejercen todo tipo de violencia como mecanismo para controlar el cuerpo de las mujeres. “Los hombres repiten esquemas que criticaron a sus propios padres y posteriormente se dan cuenta que están reproduciendo lo que les hizo daño”, compartió Johnny Jiménez, experto en masculinidades

Carlos ha sido facilitador de procesos de cambio. De joven fue invitado a una capacitación sobre masculinidades y esto despertó su interés en la temática. “Cuando uno practica una masculinidad positiva la vida es más libre, más alegre, sin presiones”, aseguró.

Darle una nueva estructura a la masculinidad es descubrir lo que se nos ha ocultado, es encontrar nuevas formas de socializar y des-sedimentar los conocimientos para emprender procesos de formación personal y grupal.  En su artículo “Contra la desconstrucción masculina” (2019), Lionel Delgado, investigador de la Universidad de Barcelona, plantea que lo que se busca es desmontar valores, porque no puede haber ‘hombres deconstruidos’ Es decir, no se deshace un cuerpo, sino que se cuestionan y critican los conceptos que se inscriben sobre él y su relación con el mundo.

Alyer fue educado en medio de patrones que replicaban el machismo y el ciclo de la violencia. A sus 17 años asistió a un grupo de reflexión e inició su proceso de deconstrucción de la masculinidad. “No solo fue una cuestión de impulsar un cambio de mentalidad o de actitud, a mí me salvó la vida”, aseveró.

Dinorah Medrano, desde su experiencia como psicóloga y docente universitaria, afirma que “cuando los hombres sienten esa necesidad de cambio, hay que tocarles sus intereses, sus conveniencias, lo que es bueno para ellos, porque su conducta no es de dar, sino de recibir y entonces toman conciencia de que ese comportamiento, no les conviene”, enfatizó.

Con la deconstrucción de la masculinidad se cuestionan las relaciones de poder y el dominio ejercido por los hombres. A Inti, su mamá le ayudó a entender el patriarcado y su abuela aprendió a respetarlo. “Se dio cuenta que los tiempos cambiaron y como me amaba, trató de no ofenderme cada vez que observaba actuaciones diferentes a las que estaba acostumbrada”, apuntó.

El feminismo enseñó a Alejandro a reconocer los privilegios que, el hecho de ser hombre, le había concedido. La educación superior le cambió la vida y la información le ayudó a crecer como persona. “La lectura y el amor de mi abuela, me salvaron de todas las adversidades que enfrenté en mi niñez”, recordó.

David Arévalo especialista en comunicación para el desarrollo y cambios de comportamiento, afirma que “hay un gran segmento de la población joven que viene haciendo cambios. Han utilizado la información para obtener argumentos y crear su propia identidad, que viene a botar estereotipos machistas”.

La comunicación para el desarrollo aplica la metodología CAP (Conocimiento, Actitud y Práctica), para desarrollar estudios cualitativos y cuantitativos que tienen como objetivo cambiar comportamientos. A través de este procedimiento se evalúa “el deber ser”, para proponer “el debería ser." 

Amparo Marroquín, docente e investigadora de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, de El Salvador, en el prólogo del libro Comunicación para la Resistencia (2018) propone considerar a “la comunicación como parte de un proyecto y de una lucha política, del deseo de aprender, de construir redes, de visibilizarse, de colocar un discurso que se contrapone a los grandes discursos hegemónicos”, (Pág. 26)

Las estrategias de comunicación son fundamentales para dirigir procesos de cambios de comportamientos a nivel individual, interpersonal y comunitario. Utilizan métodos e instrumentos de la comunicación integral para promover cambios de comportamientos efectivos y significativos. Para la comunicación para el desarrollo la persona que cuenta con mayor información, tiene más conocimientos y más oportunidades de adoptar una actitud positiva, antes de ejercer un comportamiento.

Un hombre de verdad

Cuestionar el androcentrismo, las relaciones de poder jerárquicas, la sumisión y la subordinación a los varones, es renunciar a valores, comportamientos y creencias impuestas por el patriarcado. “Acá, lo más significativo, es pensar la desconstrucción o reconstrucción del varón, sin demonizar a aquellos que lo precedieron: que los roles puedan ser elegidos y vividos de manera no impuesta” propone Luciano Lutereau psicoanalista, docente e investigador argentino, en entrevista concedida al Diario La Nación de Costa Rica en 2021

 Ser autodidactas y utilizar la información para sostener su convicción de cambio, fueron claves para que Carlos, Alejandro, Antonio, Alyer e Inti, aprendieran a reconocerse, aceptarse y a la vez, desobedecieran con firmeza, los mandatos históricos del patriarcado. Sus cambios de comportamiento tambalearon el sistema y desarmaron la subordinación, la discriminación y la opresión que conlleva este modelo injusto. Cambiaron la imposición por la autoaceptación y desde sus propias historias hoy inspiran a otros y otras a interiorizar que los cambios son posibles.

Al momento de trabajar cambios de comportamientos con hombres, hay que pensar en tres niveles de cambio: el cognitivo, el afectivo y por supuesto, el cambio de comportamiento. Cuando un hombre cambia se da cuenta que muchas cosas que le enseñaron, no son ciertas. Es entonces cuando tiene la oportunidad de recuperar su vida y de asumir la enseñanza como proceso de cambio. Además, logra coherencia entre lo que piensa, dice y hace.

Yara Naya es psicocriminóloga forense y profesora universitaria. Ya sea en las aulas de clase o en su consultorio particular, está en constante relación con adolescentes y jóvenes que “están replanteando sus comportamientos machistas. Sin embargo, a la hora de hacerlo, se encuentran con un muro que somos los adultos y con un sistema patriarcal androcéntrico”, refirió.

Derribando las imposiciones del patriarcado, los hombres recuperan su derecho a vivir libres de violencia, así como historias y tiempo desaprovechado. Estos cambios benefician principalmente a sus compañeras de vida, hijos e hijas y las relaciones que establecen.

Un hombre que se permite sentir, experimenta mayor contención y desmitifica tabúes. Desarrolla sentido de pertenecía y negocia de manera afectiva. Un hombre que se da la oportunidad de desaprender lo que por años ha asumido como cierto, otorga un nuevo sentido a su vida y a la de las personas con las que se relaciona. Quien se aparta de las normas patriarcales rompe estereotipos tradicionales de masculinidad, es responsable con su salud sexual y reproductiva, deja de ejercer violencia contra las mujeres, respeta a la diversidad sexual, los derechos humanos y asume la paternidad libre de violencia.

La comunicación para el desarrollo ha logrado gran incidencia en la construcción de sociedades y entornos más equitativos. Sin embargo, no podemos negar que, como ciudadanos, nos toca incidir más a fin de ir erradicando, cada vez más, constructos sociales y culturales que no deben seguir perpetuándose en nosotros.

 

Referencias

CLACSO. (2018). Comunicación para la Resistencia. Ediciones de Periodismo y Comunicación  (EPC). Recuperado 5 de diciembre de 2023, de https://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/gt/20181221054453/Comunicacion-para-la-resistencia.pdf

Delgado, L. (2019, abril). Contra la desconstrucción masculina. El Salto. https://www.elsaltodiario.com/masculinidades/contra-que-es-deconstruccion-masculina

Lerne, G. (1986). La Creación del Patriarcado. Editorial Crítica. Recuperado 5 de diciembre de 2023, de https://www.solidaridadobrera.org/ateneo_nacho/libros/Gerda%20Lerner%20-%20La%20creacion%20del%20patriarcado.pdf

Lutereau, L. (2021). ¿Por qué es fundamental deconstruir la masculinidad? / Entrevistado por Content Lab. Diario La Nación. https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/por-que-es-fundamental-deconstruir-la-masculinidad-nid12042021/

Salas, J. (2005). Hombres que rompen mandatos: la prevención de la violencia. Lara Segura & Asociados. Recuperado 4  de diciembre de 2023, de https://www.corteidh.or.cr/tablas/r26834.pdf

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La Plataforma Regional Género y Metodologías es un espacio de comunicación e intercambio cuyo propósito es contribuir a fortalecer los procesos de cambio hacia relaciones de género justas y sostenibles en la región centroamericana. La Plataforma es administrada por el Centro de Estudios y Publicaciones Alforja-Costa Rica.

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